Ruth Vicente González

La trayectoria de Ruth Vicente González encarna perfectamente la transformación que la poesía española ha experimentado durante la última década. Nacida en el humilde barrio barcelonés llamado “Las Casas Baratas”, Vicente abandonó su carrera como diseñadora gráfica en 2015 para emprender un viaje de autoconocimiento que la llevaría a convertirse en una de las voces más auténticas del panorama poético actual.
Su formación en coaching, PNL, hipnosis eriksoniana y chamanismo revela a una autora que ha transitado caminos poco convencionales antes de encontrar en la poesía su verdadero vehículo de expresión. Este recorrido vital, alejado de los círculos académicos tradicionales, refleja los profundos cambios que la industria editorial ha experimentado en los últimos años, donde las fronteras entre lo establecido y lo emergente se difuminan constantemente.
“Contexto”, su poemario publicado en la editorial “Poesía eres tú”, representa la evolución natural de una escritora que comenzó con la autopublicación en 2017 de su primer libro “Contexto” y ha conseguido desarrollar una voz única y reconocible. Esta transición coincide con el creciente interés del mercado editorial por autoras que construyen comunidades auténticas antes de dar el salto a los canales tradicionales de publicación.
La poesía de Vicente destaca por su capacidad para hacer accesible lo complejo. Utilizando un lenguaje directo y conversacional, incorpora elementos de la cultura digital (DMs, likes, algoritmos) para construir puentes entre la tradición poética y la experiencia contemporánea. Este enfoque democratiza la poesía, acercándola a lectores que tradicionalmente se han sentido excluidos del género.
Entre 2017 y 2022, mientras acompañaba a mujeres en procesos de transformación a través de círculos y talleres de liderazgo femenino, Vicente fue desarrollando lo que hoy reconocemos como su sello distintivo: la poesía como herramienta terapéutica y de autoconocimiento. Sus versos sobre la rutina alienante, el amor en todas sus dimensiones, el duelo y el empoderamiento resuenan con un público cada vez más interesado en la literatura como vehículo de crecimiento personal.
El éxito de “Contexto” confirma una apuesta por recuperar la función social de la poesía: no como un arte elitista encerrado en torres de marfil, sino como un espacio de encuentro y reconocimiento. Ruth Vicente González es, sin duda, la poeta perfecta para liderar este renacimiento poético en una era donde la autenticidad y la conexión humana son más necesarias que nunca.
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Todo lo que soy se lo debo a la incomodidad. Por eso hoy agradezco cada rechazo, cada humillación, cada pataleta, cada lloradera, cada trauma que alguna situación dejó en mí. Agradezco todos los momentos en los que me he sentido una mierda. Todos los NO, que alguien a quien amaba me regaló y que me hicieron crecer y hacerme más fuerte.
OTRO DÍA
Como cada día suena el despertador y no me levantaría, no sé por qué pienso que alguien como yo no tendría que hacer nada, me podrían pagar por mi simple existencia, porque sonría de vez en cuando pa que no se diga que no hago algo de provecho, compartir mi energía, solo sería eso, y que me traigan el desayuno a la cama como parte de ese siendo, consentida y mimada. Aunque NO, me desperezo y me levanto, y siento que no soy yo cuando me miro al espejo y veo el cansancio, en la inercia me manejo como un robot programado, con el perfilador me pinto la sonrisa observando mis labios, ya no tengo prisa por llegar al trabajo, tengo el tiempo controlado, ya sé qué viene a cada momento, conozco cada paso. Con el pelo me entretengo un rato y cuando acabo de arreglarme me veo mejor, preparada para otro día girando en la rueda del ratón, el bocata, el móvil, el agua, que no me deje el cargador, ya he llenado la mochila con todo lo que necesito. Ya pasaron los sueños de la noche a los que renuncio, y salgo por la puerta, enciendo el coche que me lleva a la estación, a pillar el tren. Se nota que llega el invierno y empieza una y otra vez el día de la marmota. En los asientos las mismas caras, nadie se ve, no se reconocen, ya no estamos en el valle en el que vivíamos ayer, la hoguera de la tribu se apagó y no cruzamos las miradas porque queman, demasiada info. Me bajo en la parada que toca y subiendo la escalera me doy cuenta de la poca consciencia, lo sucia que está la calle, andando por el arcén, esperando que el semáforo me pare, de memoria me lo sé. No escucho el aullido del lobo, ni los pájaros, ni el viento a través de los árboles, en ninguna parte, no está la naturaleza que nos acogía antes. Nadie pone un pie en la hierba no vaya a ser que me ensucie o que pise una mierda, que se ve que da mala suerte y está fría, abrígate bien que te constipas, y no bajes la guardia, no te fíes de la gente, no le des nada al que pide, que se busque la vida y trabaje. He escuchado este mensaje en mi familia tantas veces, la holgazanería es el pecado más salvaje, que cada uno pesque sus peces no vaya a ser que ayudes a alguien. Y ya llegando a la oficina, liándome el piti, reviso mis redes y veo el DM, me río con los memes, cuantos más te envían más te quieren, y así, creces, en seguidores, y crees, que el amor es una conversión en likes, y vas por los rieles que te marcan exactamente lo que tienes que hacer, ser auténtico, fieles al algoritmo, que se expande como un virus que cambia tu ADN y necesitamos cada vez más espacio. Aunque ahora que escucho mi ritmo, lo que más quiero es un abrazo tuyo, no me vale el contacto virtual que ya me conoce la IA más que tú, y me espanta que lo artificial pase a ser una virtud, que lo humano se pierda, que no declare un quiebre y vea la transparencia en la que estoy metida. Enciendo mi ordenador y me siento en mi silla ergonómica diseñada para que no pierda mi espalda en estas horas, atendiendo problemas reales de dinero, la gente que vive a crédito, dejando nuestro propósito de lado, preocupados por sus depósitos, si ha subido la cuenta o si deben algo. Bájame la cuota, hazme un aplazamiento, pero no me des la mano sin gel hidroalcohólico, y así nos desinfectamos de ser seres humanos, deseando que lleguen las tres, corriendo otra vez a coger el tren para ir al cole a buscar al pequeño, que hoy tenemos entreno. Cuando ves a alguien, te pregunta cómo estás y siempre respondes: bien, porque no tienes tiempo de pararte a observar lo que está pasando, el huracán de la rutina te come, y así día tras día, me salva la noche, en mi fantasía, soy un ser de luz en una casa con jardín y la gente me viene a pagar pa escucharme y tomarse un té y ver el comodín que escondí en mi manga, descubrir la magia y tomarse la pastilla pa salirse de la matrix, ver la verdad que hace que mañana no vayas a trabajar y te replantees tu vida, que te desnudes y empieces a jugar, que andes descalza por la orilla del mar, y saltes con las olas, riéndote, y te vea aparecer por el horizonte, y me abraces y me beses, en la playa donde todo empezó, hasta que otra vez, suena el despertador y hace, que me levante.
