Mario García García

BIOGRAFÍA
Nací en Plasencia, en 1979. Soy licenciado en Filología Hispánica por Salamanca. Trabajo como profesor de secundaria y vivo con mi mujer y mi familia en Jarandilla de la Vera. Salamanquesa ediciones publicó en 2024 mi libro de poesía La palabra desobrada; en 2025, la Editora Regional de Extremadura publicó La espalda del dragón. En 2026 ha aparecido Polvo de orfebre (también en Salamanquesa ediciones); la editorial La Jungla de las Letras editará este primer semestre de 2026 Canciones del centinela perdido.
Estos cuatro libros están escritos en un estilo muy parecido a la propuesta que les envío. El Romance del cuervo y del clavel con su glosa es un híbrido de vanguardia y tradición. Además de ser un homenaje a mis admirados polifonistas españoles y a la lírica de tradición oral, intento expresar una experiencia de la naturaleza cuya impronunciable realidad impacta sobre el lenguaje poético. La norma gramatical y los referentes pragmáticos quedan en suspenso. Ante la pérdida de anclajes acostumbrados, la palabra poética presenta un orden desobrado, una forma expresiva que impide la expresión acostumbrada de la experiencia. Este orden desobrado invita al lector a asumir el hecho de que el lenguaje instrumental no basta para dar cuenta de la relación entre el hombre, la naturaleza y el lenguaje.
Romance del cuervo
y del clavel con su glosa.
Previo nacer del sin tiempo,
brotaba sangre y labiaba
un viejo clavel del mito,
voz abierta en tu otra nada.
Otra cadencia decías
que tu corteza tramaba,
y otra extraña primavera
de otra entrañada palabra.
No son utopías muertas,
ni eran muertas sus cantadas,
porque un clavel de tu sangre
daba al alba su vibrada.
Albada de fuente estricta,
fija la fuente en la rama
que brota y bulle en la piedra
de muerte que no la alcanza.
La muda naturaleza
danza en la humana callada
y mi dolor y mi amor,
como en la piedra, no hablaban.
Yo dejo siempre a los robles
fingir mi historia cantada;
los robles saben que pronto,
muy pronto un muerto fijaba.
Porque mi nombre no actúa,
y si la última albada
cuaja en mi sangre su siempre,
dicta en mi entonces su nada;
y si la voz que me encierra
puede abrirse a la enramada,
allí no cesa el olvido,
allí tu nombre me llama.
En la piedra corazonan
las voces que me humanaban,
voces de nadie sin gente,
gentes que saben y callan
los secretos de su adentro,
surcos callados que manan
tu callado en mi destiempo,
ritmos de nada sin pausa
que limitan al completo
vibrar de tu voz más clara.
Si no iba el tiempo en tu canto,
¿qué labios eran la piedra,
qué herida sin sueño enfrente
pudo gritarte esta pena?
Porque era un doler el tuyo
que sabía la sincera,
la mejor, la más fecunda
entre las verdades nuestras.
Dilo tú, córvido fiel,
o tú, naciente frontera
donde el negror de mi cuervo
llega en sombra que me llena:
di, cómo era tu presente,
cómo aquí se daba entera
la mansedumbre, el silencio,
mi tú mejor que me ensueña.
Tiresias, ¡traspunte!, dime,
verba mi voz que desciela
sobre tu labio firmísimo.
Clavel de sangre, ¡Tiresias!
como yo, hembro hermanado,
una figura, una incierta
prolongación de otra máscara
incantable que nos niega.
Ah, cuerpo fugaz de un alguien;
tú, cuervo Tiresias, dime;
tú, traspunte que recuerdas
y conoces mi invisible.
Tú, docta visión de un ciego,
cuya inmanencia revive
abierta en tres de palabra:
¡yo!, clavel de sangre y nada.
Di: ¿qué guarda en nombradías?,
¿quién memora su horizonte
en ese clavel de cielo
que es un florecer sin nombres?
Pero tú, Tiresias, hembro
como yo, que soy tu cuervo,
tú me dueles porque sabes
lo que yo saber no puedo.
Tú, mujer por tu después
gozadorable en diez cuerpos:
tú, hombre luego no ciego,
que uno solo es tu deseo.
¡Ah!, que deba yo negarte,
que deba negarme entero
para que cantes y calles,
voz abierta en mi otro cero,
mi naciente en flor sonora.
Tu roto clavel labiaba
mi sangre: <<No la respondas>>
–decía el cuervo a mi rama–,
Pero un hondo nacer ronda
nuestra sangre vieja en mito,
fuente del alba que aflora
el hondo clavel del vivo.
Glosa.
Clara nada del cuervo y el clavel,
¡vuela en tu flor de pensamiento
los rastros de tu vuelo!
Escrito cantar de la flor y el ave,
letra enterrada abriendo el suelo,
letra sembrada en el profundo cielo,
letra del canto y olvido que lo sabe.
Clara nada del cuervo y el clavel,
¡corazona los rastros de tu vuelo!
¡nombra tu flor de pensamiento!
Simbólico mirar, tu sombra muda
no sabe que el olvido es alimento
para la abrupta nada: su momento
va gritando la voz que desanuda.
Clara nada del cuervo y el clavel,
¡petaliza los rastros de tu vuelo!
¡aclara tú tu flor de pensamiento!
Hondo saber de sangre y muerte y duelo,
rota tu transparencia sin deseo:
vuelve a tu piedra en flor y en vuelo
y a tu raíz en piel de pensamiento.
Escrito cantar de mi flor del tiempo,
vuela la sangre en tu canción más clara;
que donde oculte el nombre más sincero,
grite allí mi clavel de sombra y nada.
Clavel olvido,
goce de amor que canta
y dura más que mi penar.
Cuervo vivido,
dolor de amor que canta y sueña un sueño
que escucha más que mi callar.
Clara nada, la sangre clara
del cuervo y del clavel,
sin muerte tú, mi amor, yo te cantara
mi amor de hombre y de mujer.
Ay, cantar de mi amor que aún espera
el milagro de oírlo en tus caderas.
