Héctor García Pérez

Fisioterapeuta de profesión. Ganador del 1er certamen “Mi abuelo y yo” en la categoría narrativa, organizado por el centro Centenario Pergamino con la obra Mi gran árbol blanco. FinalistadelXXV Premio de Relato Entre Libros,con el relato Una historia vikinga, en abril del 2022. Publicacióndel relato Bajo el aliento en el número 22 de la revista literaria Visor literaria. Publicación del relato El entierro del cobarde en el número de primavera del 2024 de la revista Type literaria. Finalista del XII Concurso Internacional “Versos en el aire”, con el poema Lo dejo, organizado por Diversidad literaria, en mayo de 2022. Finalista del XII y del XIV Certamen Poético Internacional Rima Jotabé, con los poemas ¡No culpes! y El último aullido en marzo de 2023 y en marzo de 2025 respectivamente. IV Accésit en el III Certamen Internacional “Estrofa Julia”, con el poema Muerde la vida, en marzo de 2023. Poemas publicados en distintas revistas literarias, tales como la revista Alborismos, la revista Nefelismos o la revista Caminante, y también poemas publicados en diferentes antologías como por ejemplo el poema La ignorancia del fuego, publicado en la antología digital “Una biblioteca sin libros”, por la editorial Opera Prima en diciembre de 2022.
Mi alambre
Una gran masa de uniforme,
me persigue con fuerza enorme.
¡Dejadme tranquilo en mi alambre!,
pues no es propio de mi raigambre
ser súbdito como un miñambre,
ni ser uno más del enjambre.
No me pidáis que me desdoble,
pues no temo vuestro mandoble.
Que la guerra no me deforme,
ni convertir vidas en fiambre,
es quizás, mi meta más noble.
Será muerte, no yo, quien os transforme,
aunque con mi grito roto os informe.
¡Allá vosotros!, necios del enjambre,
pues ya no volveréis a pasar hambre,
cuando la guerra os convierta en corambre,
¡A mí dejadme tranquilo en mi alambre!
Pues yo seguiré en paz mi senda inmoble
y de mis esfuerzos haré redoble.
Para que el amor sea quien me forme
y así me ayude a compartir mi estambre,
con quien alargue mi vida, cual roble.
La cáscara vacía
Si no alcanzan mis entrañas,
que lo haga mi poesía,
amor, ya no me engañas,
tú, príncipe de las patrañas,
oscureces mi alegría.
Das a lo dulce amargor,
cual cáscara vacía,
ya no te queda sabor,
solo produces dolor,
clavada en un encía.
Ni siento ni padezco,
cual cáscara vacía,
mi cuerpo no estremezco
y a la inercia ya no obedezco,
del amor somos herejía.
La nueva siembra
Derritió sus frías fauces
para apagar nuestros fuegos,
arrojó los huracanes
para limpiar sus cielos.
Tic tac, tic tac,
nuestros desaires
habremos de pagar.
Los maestros del verde aire
ya solo se ven en sueños,
los cantares de las aves,
melodías de otros tiempos.
Tic tac, tic tac,
nuestro tiempo
alcanza su final.
Descargó las tempestades
para revivir sus suelos,
son ahora inhabitables
sus toscos senderos.
Tic tac, tic tac,
La nueva siembra
está por llegar.
Tic tac, tic tac,
tic…
La miserable devoción
Siempre siervo de un señor,
enemigo de tu hermano,
odias al débil sin pudor,
tú, corazón perdedor,
devoraste lo humano.
Por contentar a tu amo
y saciar su avaricia,
deshonras a tu mano,
equivocándola de lado,
avergüenzas la justicia.
Ni sientes ni padeces,
cual recipiente vacío,
simplemente obedeces
para duplicar sus peces,
perpetuando así, nuestro hastío.
Del mal, aliado de honor,
de la razón, oposición,
nos golpeas con fervor
dibujando nuestro horror,
miserable es, tu devoción.
Carta sin voz
Sois luz en el averno,
los colores de mi triste cuento,
con vuestras manos y miradas,
escucháis mi obligado silencio.
Para tan ardua travesía
no existe mejor compañía,
que vuestro talento,
respeto y sentimiento.
Con esta carta os expreso
mi más sincero agradecimiento,
pues quiero que sepáis
que endulzáis nuestro camino,
hasta el último momento.
Pablo Demonio
Su cerebro juega con él a los dados,
esculpe retratos con latas y barro,
temido por muchos y odiado por tantos,
ni Pablo demonio, ni el demonio de Pablo.
Por las esquinas murmulla poemas abstractos,
mientras parece tocar universos con las manos,
ahuyenta brujas lanzándoles gatos
y sus ojos rebotan por todos lados.
Dibuja en el aire y acaricia escarabajos,
habla con los dedos y escribe garabatos,
con anzuelos de peces, pesca gusanos,
y nunca para de inventarse relatos.
Ni Pablo demonio, ni el demonio de Pablo,
objeto de bromas y de escarnio,
si te lo cruzas, por favor no le des de lado,
es uno más de los colores de mi barrio.
Si escarbas bien, encontrarás alguien al otro lado,
un inocente que jamás a nadie hizo daño,
solo quiere ser, por alguien escuchado,
ni Pablo demonio, ni el demonio de Pablo.
La triste traición
¡Dime tú!,
hombre lúgubre y sin color,
¿qué fue de aquel niño,
que cada día retaba al sol
con el brillo de su ilusión?.
Apagaste su fuego,
encadenaste su imaginación
y su luz ya desapareció,
¿cómo mirar tu reflejo,
sin vergüenza ni pudor?.
¡Dime tú!,
¿qué fue de aquel joven?,
hoy triste traidor,
carcelero de sueños,
verdugo de la pasión.
¿Dónde se oculta la risa,
cuya dulce inocencia
regaba en flor la desazón?,
responsable eres, pues,
de su desaparición.
¡Dime tú!,
¿qué fue de aquel niño?,
hoy adulto sin color,
¿qué fue de su alma?,
presa de tan triste traición.
Pajarito Jena
A todos una sonrisa muestra,
mi dulce Jena,
pero de nadie obtiene respuesta,
ven una MENA
y obvian su necesidad, que pena.
Día tras día se bate el cobre,
volar anhela,
como un pajarito pía, pobre,
alas quisiera,
pero no hay Dios que ese milagro obre.
No ceja en su intento de ser buena,
pero la ayuda,
se muestra esquiva y de ella recela,
se vuelve muda
y no se presenta ni a la cena.
No encuentra las oportunidades
que a vuestro lado,
puedan parecerles obviedades,
pues en su saco,
no se hallan vuestras facilidades.
Pasado el tiempo, Jena se aleja,
ya no sonríe,
hasta que acaba siendo otra presa,
de quien le líe
la hierba y así volar como sueña.
Ahora surgen voces cobardes,
la culpan a ella
quienes sin las alas de sus padres,
ni luz ni huella,
ruines que hablan desde pedestales.
Con el humo traza alas y sueña,
mi dulce Jena,
sé de tu vida la única dueña,
sonríe y vuela,
yo jamás te juzgaré, pequeña.
