Francisco Valdebenito Godoy

Francisco Javier Valdebenito Godoy (Quillota, Chile, diciembre 1983). Padre, aventurero, licenciado en Humanidades mención Filosofía por la UAI, Chile.
Ha publicado el libro de poemas Bósforo (CSR, 2018), ha sido parte de la Antología de Poemas a los Humedales de Chile (Proyecto GEF, 2022), de la Antología de poemas Campo de Poemas Bordado (Editorial Converso, 2023) y de Antología de Poetas contemporáneos 2025 (Editorial Revista Poética, 2025), y ha colaborado con la ONG @ocoanativa en la divulgación digital de poesía en torno a las aves del bosque esclerófilo (2022).
Mensaje
En algún momento nos separaremos
como las aguas que sacan para los canales
pero te mandaré noticias con las loicas
y cartas como dientes de león.
Te dejaré mensajes entre los cardos,
en el lenguaje de las raíces
para que sólo tú puedas descifrarlos.
Dejaré huellas en los cerros
guardadas por los terneros,
tendrás que estar atento
para seguir la turca entre los matorrales.
Llegarás a una cumbre
donde el horizonte se pierde
entre los azules sueños de los tiuques;
allí estaré,
sobre el cuarzo
meditando la única palabra que repiten las palmas
antes de batirse al viento
Constelación
Plantaremos puyas
para que el tiempo
p a s e l e n t o,
cada raíz será una historia
un cuento de mañana soleadas,
sentiremos el aroma del rocío
ese mensaje atrapado por los quillayes.
Transitaremos los colores
desde el magenta al verde-Ocoa,
pensaremos la vida
como picaflores o tencas,
divagaremos entre los quiscos
aprenderemos la danza
de los quintrales,
iremos al lugar
donde el indio plantó el cielo
donde el degú guardó su tesoro, y
cuando la vía láctea
se asome entre las jubaeas
nos convertiremos
en una constelación brillante
como el chagual amarillo
sobre el oscuro firmamento.
Cascada
Cómo habré de arrebatarte una lágrima
la vida es breve, dicen
mientras la humedad se vuelve espíritu
abriendo entre los helechos
la canción que el chucao
ha preparado para el invierno.
Cómo habré de desviar el curso de tu vida
no seré yo quien ponga piedras en tu camino.
El agua recuerda su camino a casa
cómo habré yo de olvidarlo.
Indecible
Te cruzas en mis pensamientos
con la tristeza de la madre
que no tiene dinero
para comprar
un regalo de cumpleaños.
Sueñas
con reparar el pasado
pero sigues cargando las palabras
que otros dijeron sin querer.
El mundo es un nudo
que no sabes desatar
e hilas historias
para escapar de esa aguja
que clava el corazón.
Eres un indecible
que agita la sangre
un dolor que se encuentra
entre el alma y el cuerpo.
De Súbito
Y dejó a medias
las sábanas tendidas
bajo el sol de mediodía
esperando que llegaran los tíos del norte,
aquellos que vivieron
en la última salitrera
y que hoy,
como fantasmas,
podan parras.
Dejó las zanahorias compradas
las papas lavadas
y la canción de Adamo
que sintonizó en la radio
terminó sin que pudiera
recordar la letra
ni aquellas vivencias
que alegraron su corazón
bajo esa melodía.
Así,
se va la vida
sin despedirse
sin arrepentirse
sin maldecir a nadie
extendiendo la mano
para alcanzar el pañuelo
que alguien dejó escapar
de la ventana del tren
con sus iniciales bordadas
con la esperanza
que alguien lo devolviera
en aquella estación sin nombre
sin cambio de vía
en la que todos esperamos
comprar un boleto de retorno
a cambio de nuestra alma
Presagio
Escribiste tu nombre
sobre la ventana empañada
un día de lluvia,
de esas lluvias
que sólo los padres y abuelos recuerdan.
Nosotros esperábamos a tu hermano
desde ese lugar
donde germinan las semillas
donde nace el relato
el misterio de la vida.
La estufa estaba encendida
rosas blancas perdían sus pétalos
las que luego juntaríamos
para jugar al invierno.
El tiempo trae prisa
una carta ha arribado
para contarnos un secreto;
una pequeña alegría llegará
cuando el águila mora
luego de su contemplación
se lleve la lluvia
Mesa del comedor
Fuiste a cortar los claveles
que crecieron en la quinta
blancos y jaspeados
de esos que me llevan a mi infancia;
recuerdo la mesa del comedor
la luz del verano entrando
por las ventanas de fierro,
yo encajaba las tabletas sueltas del piso de parqué.
En la pequeña tele a colores
sonaba la música del mundial de Italia 90
mi padre llegaba almorzar
después de las 2:00 como todos los días
los últimos 40 años,
estacionó su camioneta C-10 burdeo
fuera de la casa.
En ese tiempo no había tráfico
yo usaba una chaleca roja
el patio era de cerámica
al final había un pequeño jardín
donde la tierra tenía un sabor mineral
en la bodega había folletos del Si y el No, una pala y un rastrillo.
Los días se hacen cortos
cuando la muerte acecha
la vida se vuelve un diamante
con un sentido trágico.
Pero nunca es tarde
para tomar el tren
en esa estación abandonada
convertirse en un fantasma
traspasar las barreras de la línea férrea
contemplar a ese niño
aislado del mundo
oculto bajo el mantel
dejando su huella
en la madera sin pintar
de la mesa del comedor
Claveles jaspeados
Nadie se muere el día antes,
tal vez
algunos nos moriremos unos días después.
Porque cuando llegue la parca
para arrebatarme el último respiro
le pediré , con suma cortesía
un tiempo para conversar
acerca del sentido de la vida
de los recuerdos buenos y malos
que dejaré atrás.
Cuando todos crean
en este mundo
que hay vuelta atrás
no entenderán,
que estaba ya condenado
a amar el misterio de la muerte
desde que vi
esos claveles jaspeados marchitos
sobre la mesa del comedor
de la casa de mi infancia
Uno al otro
Nos hizo falta
secar manzanillas para el invierno
mirar todo el día el mismo monte
para ver cómo el día cambiaba.
Nos hizo falta
ser más jóvenes
cuando nos sentimos viejos.
Nos hizo falta recordar algunos versos de Teillier
cuando creímos
que el mundo se acababa.
Nos hizo falta recorrer
toda la vida nuevamente
para convencernos
que nos han hecho falta muchas cosas
pero no nos hemos faltado
el uno al otro.
Espuelas de plata
El aire se renueva
con la vida que dejaron pasar los almendros,
el chercán arma su nido
entre ventanas rotas
como aquellas que se derrumbaron
en el terremoto del 65.
La pieza
que servía de oficina
se oscureció
tras la cabalgata de la yegua regalona
que llevó al tata
a sembrar el último zapallo.
Nubes de alfalfa
atrapan relámpagos en julio
hacen sonar espuelas de plata
en la bodega
donde el lazo de cuero blanco
sostiene la sombra
de su chupalla de paja
