Francisco Gallardo Perogil

BIOGRAFÍA
Francisco Gallardo Perogil es un poeta y escritor español, nacido en 1966 (Fregenal de la Sierra. Extremadura. España).
Autor de los libros:
“El Secreto está en lo Sencillo” (2018),
“Abrazos para tu Alma” (2019),
“Luces del Amanecer” (2021)
«Poemas y Melodías para un Despertar» (2022)
«Abre tus alas» (2022)
“Allí donde la Tierra florece. Poemas de paz” (2023)
“Poesía para un Mágico Viaje” (2025)
“Diálogos al atardecer” (2025)
Web y blog: franciscogallardoperogil.es
Es miembro de la Asociación de Escritores y Escritoras de Extremadura, y perteneció al Colectivo de Poetas Hispanos los años 2022 y 2023.
Colabora con webs de contenido literario, como Canal Literatura, Club de Escritura Fuentetaja, Poematrix, Poemas del Alma y Poetalia.
Participa en revistas como Autores, Palabra que Dormía y Versal.
Se considera una persona sencilla y sensible, amante de la escritura, la naturaleza y la fotografía.
Entre sus referentes literarios se encuentran autores como Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez, y es admirador de la “poesía espiritual” de R. Tagore o Rumí.
En sus textos se combina la poesía con el amor a la naturaleza, así como la pasión por el mundo espiritual, la filosofía, la psicología y el crecimiento personal.
Sus poemas se basan en la sencillez, estando al alcance de la comprensión de cualquier lector, así como en la profundidad de los temas que aborda. En todo caso pretende aportar paz y sentimientos positivos en cualquier persona, a través de palabras que lleguen de manera suave al alma y al corazón.
El viejo jardín
Y aquella blanca alborada
nacieron jóvenes amores,
entre colores de amapolas
y vuelos de mariposas.
Despertó majestuosa la existencia
en tu pecho y en tus ojos de luz,
para renovarte y expresarte toda.
Y crecieron jazmines entre tus manos…
Y en el mar de tu piel jugaba una brisa
de plácido aroma.
Paseabas tranquila, sin prisa,
en el viejo jardín,
y a tu paso se abrían las ramas
y todas las rosas.
Crisálidas doradas anhelaban
el regalo profundo de la vida,
entre lirios y violetas,
y tú te mostrabas tan sabia y dichosa.
Esencia
Contemplo una neblina dorada
que envuelve tus hombros,
como luces de otros lugares y de otros tiempos.
Y siento la presencia de tu espíritu eterno,
resplandeciente en esta noche,
creadora de caminos más ciertos.
Se expande tu aura sagrada
en mil matices y colores,
mientras regala la consciencia
de lo que es verdadero.
Tus manos se alzan felices y llenas
hasta alcanzar el cosmos…
Universo ilimitado, mágico y abierto.
Cristalina es tu esencia, tan honesta,
y dibuja sendas de claridad infinita,
desplegando la calidez de tu renacimiento.
Una brisa tranquila
En aquel rincón de nuestra memoria
encontramos el nexo que nos une ahora…
Como una sola llama.
Y encendimos nuestro corazón
con acordes y versos,
y se expande sutilmente en el horizonte
de cada alborada.
Son mañanas repletas
de abrazos lentos y cálidos,
de palabras y músicas tiernas,
sutiles y livianas.
Poemas que nacen
de una conexión sin límites ni miedos,
como una brisa tranquila… Amada.
Resurgir entre horizontes cercanos,
escribiendo pulsos y ritmos,
festejando la infinidad en cada palabra recitada.
Presencias calladas
Sin nada en los bolsillos
paseas tranquilo y agradecido,
por estos caminos del verano
que ya termina.
Dorado es el horizonte que se acerca
esta mágica tarde de nostalgias,
y te muestra el latido de tu esencia viva.
Silencios que hablan, presencias calladas, infinitas,
y multitud de palabras y de sonrisas
aparentemente dormidas.
Llegan mensajes a tu alma…
Sutiles, armónicos, sin ruidos,
con amores y juegos que bailan y palpitan.
Una esfera de humildes pensamientos
nace en el centro de tu espíritu,
y en ella brotan lucientes semillas.
Quietud
Busqué en otros espacios y otros horizontes,
en la lejanía, sin descanso,
aquello que tan cerca de mí se hallaba.
Y, de repente, un amanecer cualquiera
descubrí todos los tesoros del universo
en mi propia mirada.
Por fin sentí el latido y la infinidad
que nacen del espíritu en paz, sin ruidos,
en la luz de cada brillante mañana.
Descubrí la magia del silencio
en los anocheceres,
y reencontré la sabiduría
en la quietud de las madrugadas.
Me hallé, calmo y sereno,
conjugando verbos de amor,
dibujando óleos nuevos
con el resplandor de las palabras.
