Caminar de agua
Araceli Gutiérrez Olivares

La molécula hiperbórea
Reseña de «Caminar de agua», de Araceli Gutiérrez Olivares
El agua transita este poemario con cada sinuosa vereda dejando una estela de miel rumbo al Valhala y volviéndose torrente en la inmensidad de los paisajes nórdicos. En el apartado de Umbral, surgen como el musgo ciertos versos donde la naturaleza es señora y el fuego apertura como elemento disruptor: “tocaron la lumbre / se rebelaron como ala de río”.

En ese paraje se yerguen ocotes y cedros, la flora es esplendor, y la fauna toda es concentrada en un cuervo blanco que eclosiona desde su misterio. El verso libre, corto, pero con imágenes potentes, deja una sensación de caminar rodeado del ente supremo que chupa como larva de avispa el suero de los bosques.
Las estaciones de este poemario, sin la ociosidad de los círculos, lo dividen en cuatro apartados -o quizá cuatro poemas- que trastocan el estado salvaje de la natura. Viene y se va a la cuna boreal en fluorescencia, es un recorrido en la pupila de la völva y sus mánticas revelaciones. En alusión a Góngora y sus Soledades, estos versos vienen del fiordo donde nacen “los raudos torbellinos de Noruega”.
O bien pudieron surgir de un insomnio que ha durado medio año de noche y medio año de día, para descansar de “la forma y de lo puro” como aquel “venado sin pezuñas” del que “su caminar era de agua”. Es evidente que al final de ese recorrido solo espere la tiniebla como antesala de un astro nervaliano, pálido y exangüe, como “le soleil noir de la melancolie”.
Al caminar en estos versos, uno palpa el liquen al costado y es alcanzado por las yemas de otras épocas. Uno se asfixia en la clorofila por tanta lluvia, desvanecido como un “musgo azul” que se funde con el petricor eterno que desciende de la montaña como neblina hasta las costas, justo donde vikingos y berserkers preparaban la navegación hacia los nuevos mundos.
La alquimia verbal es una constante en este poemario, quizá porque la autora ha estudiado la materia detrás de la materia, pudiendo acercarnos un palmo más adentro de la piel de cada cosa. Ella es avezada en la molécula hiperbórea.
En ese afán científico sobre los misterios, con el ojo escrutador de investigadora, Araceli ha concluido con la máxima biológica en la que la boca del pez más grande es la que prevalece y, con la infinitud de húmeda hojarasca, es la que recibe el cadáver de los bosques con la ternura de sus hongos, pues “lo que devora vive”.
Hans Giébe
San Miguel Regla, Huasca, Hidalgo,
México, 2026

HANS GIÉBE (Pachuca, 1981). Es escritor, editor y abogado originario de San Miguel Regla, Huasca. Su primer libro fue: Discurso Crítico sobre lo Humano y lo Justo (2006). Lo han publicado en Holanda, Francia, Perú y Argentina. En México: Evocación al Silencio (2013), Linaje de Caín (2020), Solipsismos (2022), De Barro y de Ceniza (2023), Versos I y II (2025), Versos III y IV (2026), entre otros. Sus escritos han sido incluidos en más de una docena de antologías y traducidos al inglés, francés, italiano, neerlandés, polaco y hñähñu. Fue reconocido por su trayectoria literaria en el 34 Festival de las Artes Enrique Ruelas. Es presidente de la asociación civil ARS Artistas en Retribución Social, director del Festival de Letras Hidalguenses y fundador del sello editorial Vozabisal S. A. de C. V.
