Ave de hielo ígneo
Araceli Gutiérrez Olivares

Araceli Gutiérrez Olivares (San Lorenzo Tlalmimilolpan, Tlalmanalco, Estado de México) es una poeta, traductora y escritora mexicana, conocida por integrar naturaleza, espiritualidad y elementos místicos en su obra. Ingeniera química de formación, ha desarrollado una trayectoria marcada por el cruce entre ciencia, sostenibilidad y literatura.
Araceli estudió Ingeniería Química en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde obtuvo dos menciones honoríficas en el Laboratorio de Física de la Facultad de Química. Más adelante cursó estudios en sostenibilidad en la Saïd Business School de la Universidad de Oxford, donde obtuvo una calificación sobresaliente (A).
Establecida en Noruega, ha ampliado su trabajo hacia la literatura nórdica. Su poesía ha sido incluida en una antología publicada en Noruega, además de aparecer en diversos medios literarios. Aunque no suele participar activamente en concursos o premios, su obra circula de manera constante entre lectores y espacios editoriales independientes.
Su estilo se caracteriza por el uso de imágenes naturales, atmósferas contemplativas y una búsqueda de conexión entre lo terrenal y lo espiritual. Actualmente trabaja en un dossier de poesía noruega y en una antología de poetas noruegos contemporáneos, con el objetivo de tender puentes literarios entre México y el norte de Europa.
En su proyecto creativo a futuro se mantiene una línea abierta hacia lo místico: explorar nuevas formas de unir territorio, energía, memoria y lenguaje.
Ave de hielo ígneo
Araceli Gutiérrez Olivares

El nuevo mapa – Ave de hielo ígneo de Araceli Gutiérrez Olivares (Palabra que dormía, 2025),

por Francisca Pageo
Con frío es como debe leerse este libro, con frío afuera, porque es cálido como una manta leer a Araceli Gutiérrez Olivares. Ella emigró desde México a Noruega, y es a raíz de ese paso que nació este libro. Se encontró al amor, se encontró la poesía, el saberse reducida a ave por nombre de Dios. Y es que aquí Dios está muy presente, como un designio Araceli conjura los elementos, los convierte en poesía, ¿o serán acaso los elementos los que conjuran a Araceli? El agua, el fuego, la tierra, el aire… Todo se entremezcla aquí como si de un mandato se tratase. Ella, que encontró el amor en un banquito de madera. Que encontró la belleza de unos paisajes que se convierten en un nuevo mapa emocional. Un mapa lleno de sentimientos y sensaciones que nos encuentra a través del vuelo de un ave.
El vuelo de un ave recorre el espacio emocional de Gutiérrez Olivares y es así como nacen estos poemas. Unos poemas que se pueden ver en noruego, que han sido interpretados por la autora en otro idioma. No debe ser fácil emigrar, qué digo, realmente no lo es, pero sabiendo que puede terminar siendo así de bello se encuentra una persona dispuesta y preparada para ello. Estos poemas que circulan por el aire, por las aguas. Que recogen lo que la autora ve y siente y presiente. Son, de hecho, unos poemas proféticos. Que eternizan la voz de Dios para sentirla dentro nuestro. Hay una búsqueda de la perfección, y es esa búsqueda la que vuelve a este libro perfecto en su sintonía con ese mundo de hielo, con ese mundo gélido.
Estamos ante un mapa emocional sobre cómo la autora va sintiéndose en el transcurrir de los días en Noruega. Hay un matiz psicológico y también ancestral aquí. Es lo ignoto, lo que aún no pudo verse pero sin embargo puede sentirse. Es en esa búsqueda de la voz poética donde Araceli la ha encontrado: la propia búsqueda de lo que subyace bajo los elementos en los que vive. Quisiera nombrar aquí lo indecible, el ser mismo de la poesía, pero no puedo ni tampoco debo. Y es que la poeta lanza tan bien eso que no decimos pero terminamos diciendo con silencios que es innegable que esta poesía nació del propio silencio. Un silencio que grita y que se abre como una flor de loto, o como el despliegue de las alas de un pájaro mismo. La búsqueda incansable encontró a Araceli con las manos abiertas, los brazos abiertos, el corazón abierto. Y es que son estos poemas resquicios de lo abierto de lo que nos hablaba Heidegger: la apertura como el modo fundamental de existencia del ser humano. Es, así, la esencia lo que perdura en estos poemas. El matiz que emblanquece la vida con la nieve y las aguas.
Es propio rescatar esa apertura en la vida para poder apreciar estos poemas. Hay que estar abierto, predispuesto. Quisiera que el aire del que aquí habla la poeta retozara con nuestras propias alas, esas que nos formamos, las que Araceli trajo en sus brazos, en su corazón, en sus manos. Hay cierta belleza inmanente en estos versos que quieren decirlo todo pero asimismo no pueden: es la belleza del canto, como si fuera el canto de un cisne, de un ave mitológica. La belleza que todo lo recoge, que todo lo sabe. También hay sabiduría, también está Dios. ¿Pero qué es Dios aquí? Son los elementos que Araceli ha conjurado, lo que ha traído a la vida el aliento mismo de la vida.
Quisiera decir muchas más palabras, pero no es posible: estos poemas te dejan sin ellas. Te dejan sin un hálito de voz alguna. Y una quisiera encontrar ese hálito que tiene Araceli: para dar voz al silencio ancestral. Es el silencio más hondo y más viejo que la propia vida. Quisiera decir que este libro es una joya, lleno no solo de poesía, sino también de imágenes (pero ¿qué es la poesía sino imágenes?). Hay fotografías y hay pinturas, que hablan por el silencio, por lo no dicho, por lo que se deja entrever. Éstas complementan los poemas y los poemas e imágenes terminan volviéndose uno con quien los lee. Estamos sin duda ante una voz que analiza y no entorpece nuestra mirada a la naturaleza, sino que nos guía en ese nuevo paraíso.
Francisca Pageo, España, 2025
Semblanza
Francisca Pageo (España, 1983) es artista visual y editora y directora de arte de la revista Détour. También trabaja como crítica cultural y promueve la cultura organizando y codirigiendo clubes de lectura, exposiciones, etc.
